Hace unos meses tenia en mi casa una bolsa de cebollas; nada relevante, una simple bolsita de red de supermercado con unas cuantas cebollas en su interior. Como tantas otras que he tenido, estaba en una alacena de la cocina, junto a una bolsa similar de patatas y en compania de dos botellas de aceite de oliva y una de girasol... la triste catacumba de unos tuberculos anonimos rodeados de su profano oleo funerario.
¿Han visto que algunas veces comienzan a crecerles tallos albinos, en busca de un poco de luz, creciendo lentamente a tientas, de un lado a otro, como nosotros? De seguro, al igual que yo, lo habreis visto. Pero de esta bolsa de cebollas elegida al azar en una gondola de supermercado surgio una como ninguna.
Habia salido de viaje con mi esposa, y al regresar nos encontramos con una cebolla pequeña que habia desarrollado un follaje digno de la selva amazonica, con ramas que parecian brazos aferrandose a la vida, negandose a su destino, luchando por una meta que se escapaba a mi comprension. Nunca tuve demasiado apego por la vida, y tal vez por eso, esta consumida cebollita con sus brazos blanquecinos se gano mi respeto: reconozco a un guerrero cuando lo veo y no era correcto dejar que su fin fuera un plato de cocina. No era digno para ella ni para mi; asi que decidi plantarla.
No es que sea una planta particularmente bonita, como podran ver en la fotografia. Tampoco un vegetal que te proporcione satisfacciones añadidas por sus perfumes, colores o alguna otra particularidad relevante (como mis frondosas Big Bang holandesas). Pero desde aquel dia tuve un vinculo especial con aquella planta, algo que no puedo expreasar con palabras, aunque si tuviera que escoger alguna, la mas cercana seria respeto.
Mi cebolla... corrijo: la cebolla (porque no es mia, se gano su libertad) crecio. Y un dia fue desarrollando un grueso tallo largo, coronado por una bolita blancuzca: su flor. A partir de ese momento comenzo a perder sus hojas, y creo que se esta preparando para morir.
Estoy convencido que nosotros nos parecemos mucho a este ser: tenemos muchas facetas, como ella tiene sus capas; y al igual que ella todos buscamos nuestro destino particular. A veces aportamos sabor a la vida de alguien y en otras ocasiones hacemos llorar.
¿Es una paradoja que la muerte te enseñe a vivir, o que la vida que hayas tenido te prepare para la buena muerte?
No te deis por vencido ni aun vencido, no pospongais es viaje que tanto deseais hacer, esa montaña que tanto quereis escalar, o el abismo profundo que anhelais explorar; probad los placeres sin culpas, porque el verdadero pecado consiste en no ser feliz (o intentarlo, al menos). No paseis por la vida sin sentir la gloria. Luchad, enfrentad a los miedos y a las batallas, incluso aquellas que parecen perdidas, porque eso es la diferencia entre ser un tuberculo en la oscuridad o ganarse el respeto a capa y espada en un mundo que nada regala.
Solo espero que cuando por fin la parca deje de coquetear conmigo poder decir he sido digno, he sabido presentar batalla como mi querida cebolla guerrera...
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